|
Teresa del Valle Drube Laumann
BAGDAD
Avanza del Oriente incierto
un rumor a viento que solloza
al resplandor de una niebla ciega,
luz de metralla innoble que siega
sin piedad a la madre que llora.
Milenios de plata y oro, de arena y sol,
de blanco mármol y lucientes resplandores
encandilando al sol en su morada,
reciben sin merecer todo el fuego
que devora y mata sin ver a quién
tiñendo de rojo la dorada tierra
que sólo ante Dios permanece de rodillas.
Ya no quedan duendes, huyeron las hadas.
Todos se han ido al rugido creciente
de los cielos vomitando dolor y muerte
en el intento de robar, impenitente,
el negro oro que de la tierra mana.
Bagdad, la de los sueños, la de las ilusiones
la de las fantasías más hermosas
yace violada por la maldad insolente
de aquéllos a los que sólo importa
llegar los primeros al festín de los buitres
para ser quiénes devorar puedan
hasta las últimas migajas de la torta.
|